viernes, 13 de diciembre de 2024

Preparándonos para la venida del Señor.

 Queridos jóvenes en la fe en Cristo Jesús,

Estamos en un tiempo especial, el Adviento, una etapa de preparación y espera activa. No es una espera pasiva, como cuando aguardamos el autobús, sino una espera que nos impulsa a actuar, a abrir el corazón y las manos. Este es el momento de mirar hacia dentro y hacia arriba, hacia nosotros mismos y hacia Dios, ese Otro con mayúsculas que nos llama constantemente a salir de nuestras comodidades y caminar hacia Él, y a salir en ayuda del otro, del hermano necesitado.

La moral cristiana no es una lista de mandatos fríos o normas sin vida. Es una invitación a vivir en el amor verdadero, ése que empieza por conocer a Dios y se traduce en gestos concretos hacia los demás. Es pensar: ¿cómo puedo reflejar Su amor en mi día a día? ¿Cómo puedo ser signo de Su presencia en el mundo?

Ahora, en este tiempo fuerte de la liturgia, en Adviento, nos propondremos a cultivar la esperanza en nuestro corazón, porque sabemos que Él viene. ¿Y cómo viene? Viene en el rostro del hermano que sufre, en el amigo que necesita apoyo, en el desconocido que busca ayuda, y en la celebración comunitaria y fraternal de la presencia real de Jesús en la misa, en el Santísimo Sacramento y fuente del resto. Cada vez que respondemos al llamado de Dios, estamos respondiendo con un “hágase” a Dios. Este tiempo nos recuerda que nuestra vida no nos pertenece del todo: es un don que cobra sentido cuando lo compartimos.

Os invito a ser protagonistas de este lindo tiempo, en el que esperamos el nacimiento del Niño Jesús. No basta con encender velas en la corona de Adviento si no encendemos también nuestra vida en la luz de Cristo. La verdadera espera se vive sirviendo, amando, perdonando y buscando aquello que trasciende. Este es el desafío: vivir con los pies en la tierra, pero con el corazón en el cielo.

No os quedéis en lo pequeño, no os conforméis con el mínimo. Dios nos llama a amar con todo nuestro ser, a ser esa luz que ilumina los rincones oscuros del mundo. Este Adviento puede ser diferente si os dejáis transformar por Él. Al final, lo que nos mueve no es solo el compromiso moral, sino el deseo profundo de responder al amor infinito de Dios con nuestra propia vida, y con ello poder disfrutar de su presencia aquí perdonando al hermano y en la vida eterna tras la parusía del Señor.

Esperemos juntos, con alegría y decisión, a Dios que viene a buscarnos, una y otra vez, porque nos ama sin medida, como criaturas suyas que somos, y por su Hijo también hijos.

Con todo mi afecto fraternal en Cristo, gracias por confiar.

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